★ Daniel
—¿Estás bien? —fue lo primero que escuché cuando la puerta se cerró detrás de Mariana.
No tuve tiempo ni de respirar. Lulú salió del pasillo, despacio, como si le diera miedo interrumpir algo que no le pertenecía. Pero en cuanto sus ojos se encontraron con los míos, ya no se detuvo. Vino hacia mí directo, sin dudas, sin reservas y sin juicio.
Me abrazó, sin preguntar nada más.
—¿Dónde estabas? —pregunté contra su cabello—. Pensé que… no sé, que te habías ido.
—Estaba cuidando a las niñas —dijo ella, medio riéndose, medio nerviosa—. Sentí que… necesitabas privacidad.
—Lo que necesitaba era no estar solo —confesé, sin pensarlo, sin filtro—. Te necesitaba a ti.
Lulú levantó la cara, sorprendida. Sus ojos estaban un poco rojos. No sé si por aguantar el llanto o por miedo.
—Amelia está jugando en su cuarto —se apresuró a decir, como si quisiera llenar el silencio.
—Bien —respondí—. La voy a llevar con mi mamá. Y tú vienes conmigo.
—¿A dónde? —preguntó ella, frunciendo el ceño.
—A