★ Daniel
—¿Qué haces aquí, Mariana? —fue lo primero que solté, sin filtros, sin ganas de fingir nada más.
Ella ni pestañeó. Ahí, parada en mi puerta como si aún tuviera el derecho de aparecer cuando se le diera la gana, como si no hubiera desaparecido durante dos años sin una maldita explicación.
—Daniel, tenemos que hablar —repitió, como si yo no hubiera escuchado la primera vez.
No quería hablar. No quería verla. No quería que Amelia la viera.Y mucho menos quería procesar lo que hacía esa niña agarrada de su mano.
Pero antes de que pudiera decirle que se fuera al carajo, la voz de mi hija rompió todo.
—¡Papi! —gritó Amelia desde las escaleras, abrazada a su muñeca Sofía como si fuera parte de su cuerpo.
Mi corazón se me aflojó. Mi niña.
Ignoré por completo a Mariana y caminé directo hacia Amelia, como si todo lo demás desapareciera.
—¿Qué pasa, mi amor? —le pregunté, cargándola con una mano mientras con la otra apartaba un rizo que le caía en los ojos.
—Sofía me dijo que las brujas