★ Mariana
Ese maldito de Daniel y su noviecita barata están arruinando mis planes.
Ni siquiera cerré bien la puerta del coche cuando Andrea bajó. La niña me miró con esos ojos grandes, húmedos y suplicantes, creyendo que había hecho algo bien.
—Mamá… —dijo—. ¿Lo hice bien? Creo que le caí bien a Amelia.
El simple sonido de ese nombre me disparó la sangre a la cabeza. Amelia. La niña perfecta. La que “no es hija de Daniel” y aun así él defiende como si fuera oro puro. La que me quitó todo. La que siempre tuvo lo que yo no tuve.
Le agarré el brazo con fuerza.
—Entra. —No le di oportunidad de respirar.
Ella se quejó.
—Mamá… me duele… suéltame.
No me detuve. No estaba de humor para tonterías.
En cuanto la empujé dentro de la casa, escuché pasos bajando por la escalera. Él apareció. Mi pareja. Sebastián. Camisa medio abierta, sonrisa floja y ese aire de que todo le da igual mientras lo traten como rey.
Andrea corrió hacia él como si su vida dependiera de eso.
—Papá… mamá está molesta. Creo