Me aproximo a ella, quien me mira desafiante. La tomo por los brazos y la empujo hasta la cama, dónde cae de espaldas.
—Me estás lastimando Massimo. ¡Suéltame! —chilla, intentando zafarse de mi agarre.
Me acomodo sobre ella sin soltarle los brazos, mientras comienzo a besar todo su cuello, impregnándome de su agradable aroma a cerezas.
Dado que hoy está usando un vestido veraniego, bajo lentamente la parte superior dejando a la vista sus apetecibles senos desnudos. Muerdo mis labios antes de baj