Esa noche, Kisa se levantó en la madrugada -que de hecho había tomado el hábito de hacerlo-, bajó a la cocina, abrió la heladera y sacó un flan. Empezó a comerlo con gusto, murmurando entre dientes lo delicioso que estaba mientras disfrutaba del momento. Pero de repente, un ruido la hizo sobresaltarse. Se giró rápidamente y, al ver a Royal allí, la sorpresa la hizo tragar el flan con dificultad.
—¡Demonios! —exclamó, intentando recuperarse del susto mientras Royal la observaba fijamente. Con el