A MERCED DEL DINERO. C154: ¿Pero qué ridiculez es esa?
Pero su madre, la señora de nombre Mariela Morgan, no aceptó aquella respuesta tan fácilmente.
—¿Cómo puedes decir que no fue nada grave? —rezongó—. Mira nada más cómo te dejaron.
La pregunta cayó como una piedra en el silencio. Marfil contuvo el aliento, ella sabía la verdad y Richard también. Y ambos sabían lo que esa verdad implicaba. Porque si Richard decía el nombre de Lucas, si revelaba que había sido su mejor amigo quien lo había dejado en ese estado lamentable, no habría vuelta atrás.