¡Una mentira... piadosa?
—Perfecto. Entonces en lo que el médico le dé de alta, los llevaré hasta allá. —dijo sonriendo.— Sé que a Fabián le va a encantar el lugar.
—Gracias, señor Montenegro. —contestó ella manteniendo la formalidad y la distancia entre ellos.
—No tienes nada que agradecer, Isabella. Sólo deseo que ustedes estén bien. —suspiró hondo— Por cierto ¿Cómo sigues de tu tobillo?
—Mucho mejor, ya no me duele tanto para caminar.
Él miró su reloj antes de informarle que debía retirarse:
—Ahora debo reg