Ese domingo, la casa quedó en silencio.
Antonella salió temprano con Fabián y Arístides. Isabella los vio marcharse desde la puerta, con una inquietud que no supo explicar. Cuando el ruido del coche se perdió, el vacío se instaló por toda la sala con una claridad incómoda. Cerró la puerta y, por primera vez en días, se quedó completamente sola.
Caminó despacio hasta su habitación. Se sentó en la cama y apoyó las manos sobre su vientre con cuidado, como si tuviera miedo de hacerle daño. Sintió