Antonella se dirigió hacia la puerta con un leve nerviosismo. No esperaba a nadie a esa hora. Pensó “si se tratara de Isabella, ella habría abierto con su propia llave”. ¿Y si era Germán, si había vuelto para molestarla?
Se detuvo un segundo antes de girar el picaporte. Luciano, percibiendo su tensión, se colocó unos pasos detrás de ella, en silencio.
Al abrir, se encontró con Leticia, la enfermera. Antonella suspiró al ver que se trataba de ella y no de quien imaginaba.
—Buenas tardas, se