—Descansa un poco —dijo ayudándola a acostarse en la cama.
Isabella asintió sin replicar.
Apenas colocó la cabeza en la almohada, cerró los ojos y se quedó dormida. Ignacio la contempló en silencio. Verla tan vulnerable lo impresionó.
Desde el primer momento en que la vio en la clínica de inseminación artificial, le pareció –además de bonita– una mujer de carácter fuerte y firme. Repasó mentalmente cada uno de sus encuentros: el cruce de miradas en la sala principal de la clínica, su discu