Isabella despertó despacio, sin saber donde estaba. Había llorado tanto que sentía el rostro aún tibio y acartonado. Al girar el rostro, lo vio a él a su lado. Sonrió levemente, ahora ya sabía dónde estaba.
Ignacio dormía profundamente, su mano reposaba sobre su talle. Intentó no moverse para no despertarlo. Sin embargo, el sonido breve de su teléfono vibrando la sacó del letargo y la obligó a incorporarse con cuidado. Ella tomó su mano y la retiró con lentitud exagerada. Suspiró cuando la d