Antonella acompañó a Luciano hasta la puerta.
—Te llamo luego. —dijo él, despidiéndose de ella con un beso tierno en los labios.
—Estaré esperando tu llamada. —murmuró la pelinegra con voz suave.
Luciano salió del apartamento y bajó las escaleras, ella lo siguió hasta que desapareció de su vista. Luego cerró la puerta lentamente, y regresó a su dormitorio con una sonrisa en los labios; una sonrisa que se negaba a desaparecer de su rostro desde que despertó en brazos de aquel hombre.
Anton