La despedida entre Isabella y su hermana fue tan emotiva como cuando llegó a la villa. Había sentimientos encontrados, alegría por haber compartido juntas esos dos días, como cierta nostalgia al tener que separarse nuevamente.
—Te cuidas, por favor —dijo Isabella con voz suave.
—Tú también ¿vale?
Isabella asintió.
—No quiero que te vayas, tía —murmuró Fabián con un dejo de tristeza.
—Pronto nos veremos —Antonella se agachó y acunando su rostro pequeño entre sus manos, lo besó con ternura—. El martes cuando vayas a tu chequeo iremos juntos por un rico helado.
El rostro de Fabián se iluminó de inmediato tras la promesa de su tía.
—¿Me llevarás a comer helado? —preguntó con entusiasmo frotando sus manitas y saboreándose.
—Por supuesto, mi amor. Será de este tamaño —dijo ella señalando con sus manos la altura exagerada— y de chocolate con maní como tanto te gusta.
El pequeño rodeó con sus brazos el cuello de su tía.
Antonella subió al coche y una vez dentro se despidió