Antonella bajó del coche sin mirar atrás. Entró al edificio y subió las escaleras despacio, le dolían las muñecas y aún sentía la presión en la comisura de su boca. Al llegar a la puerta, sacó de su cartera las llaves del apartamento. Antes de abrir, respiró hondo. Necesitaba recomponerse antes de entrar y disimular delante de su hermana.
Isabella escuchó el sonido metálico, volvió el rostro y se quedó a la expectativa, esperando a que la puerta se abriera. Miró la pantalla de su móvil. ¿Ya e