Isabella secó las lágrimas con sus manos. Aún le dolía revivir aquel momento lleno de dolor y sufrimiento.
—Mamita, ¿qué tienes? —preguntó Fabián acercándose a ella—. ¿Estás llorando?
—No, mi amor —respondió ella, sin mirarlo directamente—. Creo que algo se me ha metido en el ojo.
Frotó su ojo izquierdo. Fabián tomó su rostro entre sus pequeñas y suaves manos y comenzó a soplarle.
—Con esto estarás bien —dijo y volvió a soplar con más fuerza.
Isabella sonrió aunque en el fondo quería r