Un amor... ¿a destiempo?
—Te deseo Isabella —susurró él a su oído mientras rozaba su pelvis con su trasero.
—Yo también te deseo, Ignacio. —dijo ella volteando su rostro y dejando escapar un gemido corto al sentir la dureza de su polla—. Pero tenemos que ser cautelosos.
—Sí, lo sé. Pero no puedo evitar esto que siento por ti.
Los pasos acercándose por el pasillo y la risa juguetona del pequeño, los obligó a separarse. Antonella percibió el movimiento brusco entre su hermana y su “jefe”.
—¡Qué bien huele! ¿Estás