Antonella percibió de inmediato la palidez en el rostro de su hermana.
—¿Qué te pasa, Isabella? —preguntó, confundida—. ¿Por qué te pones así? ¿Qué ocurre contigo y con tu jefe?
Isabella respiró hondo. Ya no podía seguir guardando aquel secreto; necesitaba decirle a alguien lo que le estaba sucediendo, desahogarse, sacar lo que llevaba en el alma.
—Estoy enamorada de él… Estoy enamorada de Ignacio Montenegro.
Los ojos de Antonella se iluminaron y dio un pequeño salto de alegría.
—¡Ah, lo