A la mañana siguiente, Isabella se levantó de la cama algo ansiosa. Iba a verlo, iba a encontrarse con él. Aquella sensación le provocaba nervios, pero también entusiasmo. Tomó el móvil y vio que tenía varios mensajes suyos: saludos de buenos días, un “te extraño” y un “me muero con ganas de verte y hacerte mía”, que la hicieron estremecerse y arder por dentro.
Ambos deseaban estar juntos, y eso era lo único que le importaba en ese momento.
Le envió un mensaje.
“Te estaré lista en media hora. Te espero”
Isabella dejó el teléfono sobre la cama. Revisó su guardarropas, quería verse hermosa para él. Eligió un atuendo sencillo y un conjunto de ropa íntima que nunca llegó a usar la noche de su boda con Germán. Aquel recuerdo aún la perturbaba.
Apartó aquel pensamiento oscuro de su cabeza y fue hasta el baño para vestirse. Minutos después ya estaba lista. Se miró al espejo, se veía discreta sin dejar de verse bonita.
Minutos después, salió de la habitación en silencio. Su hijo aún d