A la mañana siguiente, Isabella se levantó de la cama algo ansiosa. Iba a verlo, iba a encontrarse con él. Aquella sensación le provocaba nervios, pero también entusiasmo. Tomó el móvil y vio que tenía varios mensajes suyos: saludos de buenos días, un “te extraño” y un “me muero con ganas de verte y hacerte mía”, que la hicieron estremecerse y arder por dentro.
Ambos deseaban estar juntos, y eso era lo único que le importaba en ese momento.
Le envió un mensaje.
“Te estaré lista en media hora