Isabella frotó su rostro con ambas manos como si quisiera despertar de un mal sueño. Mas, la realidad parecía ser la misma. Había estado con un hombre que no conocía y ahora estaba enamorada de un hombre que creyó, era el mismo.
La voz de su pequeño la regresó al presente.
—¡Mamita! Ya llegaste.
Isabella volvió el rostro hacia él con una sonrisa en los labios.
—Aquí estoy mi amor. —dijo tendiendo sus brazos hacia él.
Fabián se acercó a ella y se refugió en sus brazos con ternura. Luego se apartó un poco para verla.
—¿Adónde fuiste? ¿Ya estás trabajando?
La pelicastaña tragó en seco. Respiró profundo antes de hablar.
—Aún no. Pero es algo que debo hacer. Debo pagar algunas cosas y comprarte lo que necesitas para que comiences en el colegio.
—¿Iré a la escuela? ¿Voy a conocer otros niños? —preguntó con entusiasmo.
—Sí, mi amor.
—Entonces debes conseguir un trabajo rápido.
—Claro mi amor, eso haré —dijo y lo besó en la cabeza mientras Fabián se pegaba a su pecho.
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