Al no recibir respuesta, Isabella buscó las llaves en su cartera y abrió la puerta.
La sala estaba ligeramente desordenada, lo suficiente para ponerla en alerta.
—Quédese con él, Leticia. Ya regreso —dijo en voz baja antes de internarse en el pasillo.
Cada paso se le hizo más pesado. Empujó la puerta del dormitorio de su hermana con cuidado.
El aire se le escapó en un suspiro que no supo si era alivio o desconcierto. La cama deshecha
No estaba allí.
Isabella se quedó inmóvil unos segundos, con el corazón golpeándole el pecho.
¿Adónde se había ido… y con quién?
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Antonella despertó sobresaltada al escuchar los golpes en la puerta. Se levantó de un salto de la cama y buscó entre las sábanas su celular. Al ver la hora corrió a abrir la puerta.
Luciano se sorprendió al ver que aún no estaba lista para llevarla a su casa.
—Pensé que…
—Joder que me quedé dormida. Si Isabella llega al apartamento y no me encuentra no sé qué voy a decirle