Al no recibir respuesta, Isabella buscó las llaves en su cartera y abrió la puerta.
La sala estaba ligeramente desordenada, lo suficiente para ponerla en alerta.
—Quédese con él, Leticia. Ya regreso —dijo en voz baja antes de internarse en el pasillo.
Cada paso se le hizo más pesado. Empujó la puerta del dormitorio de su hermana con cuidado.
El aire se le escapó en un suspiro que no supo si era alivio o desconcierto. La cama deshecha
No estaba allí.
Isabella se quedó inmóvil unos segundo