Una vez que las puertas de la habitación principal se cerraron, aislando el bullicio de la gala, Bianca se derrumbó en un mar de lágrimas. El pánico que había contenido en el salón estalló con fuerza, haciéndola temblar de manera descontrolada bajo la seda dorada de su vestido. Alessandro, al verla tan vulnerable, olvidó cualquier atisbo de duda o sospecha. Se acercó a ella con una ternura infinita, rodeándola con sus brazos imponentes y atrayéndola hacia su pecho. Con caricias suaves en su c