Las palabras del hombre cayeron como ácido sobre el grupo, dejando un silencio sumamente incómodo. Bianca se puso extremadamente incómoda bajo las miradas inquisitivas de los socios y, sintiendo que el aire se le escapaba por completo, soltó la mano de Alessandro. Sin mirar atrás y con los ojos empañados por el pánico, dio media vuelta y huyó a paso apresurado hacia la zona más despejada de los jardines traseros, buscando refugio en la oscuridad.
Alan, que no había dejado de vigilarla ni un s