Mientras intentaban descifrar el rompecabezas de cómo neutralizar a Alan, el piso de Lola parecía el cuartel general de una película de gánsteres de bajo presupuesto. Bianca caminaba de un lado a otro, pisoteando las revistas viejas, con la mente trabajando a mil revoluciones por minuto para encontrar una solución al problema en que Alan la había metido.
—A ver, piensa, Bianca —le sugirió Lola, encaramada en la barra de la cocina —. Un tipo como ese no puede tener las manos limpias. ¡Imposible!