—¡A la salud de la mujer que amo y que acaba de casarse con otro! — gritó Vincent y todos los demás ebrios del lugar gritaron salud y brindaron con él.
Ya era de madrugada, Adara ya debía de estar desnuda en los brazos de Dante Lombardo, y seguramente ya habían tenido sexo una y otra vez, pensó torturándose Vincent. Revisando la aplicación de su banco, vio la enorme cantidad de ceros que ahora se habían añadido a lo poco que tenía. Aquella cantidad era suficiente para mantenerse con lujos al me