—¿Un viaje? —preguntó Beth mientras terminaba de guardar sus pertenencias en el bolso deportivo—. ¿Ahora?
Gianna suspiró y asintió.
—Ya sé, pero Darragh…
Beth también soltó un largo suspiro:
—Qué complicado…
Ésta se recargó en el escritorio al lado de Gianna. La pelirroja ya poseía una oficina en el gimnasio, aunque nunca estaba ahí, sino entrenando en alguno de los salones múltiples.
Esa noche el entrenamiento de Beth acababa de terminar. Ya pasaban de las ocho y sólo aguardaban a que Darragh