William encontró guardada la dirección de Beth en el GPS de la camioneta. Ella odió con todas sus fuerzas la tecnología mientras se debatía entre saltar del vehículo o aguardar por lo que tuviera que decir el vampiro.
—¿Y bien? —preguntó éste—. ¿No vas a deleitarme con el sonido de tu voz?
Beth inhaló hondo y se armó de valor:
—Cuando escuchas mis pensamientos, ¿lo haces con el tono de mi voz?
—Sí.
—Bien, entonces ya escuchaste mi voz, ¿no?
Él rió de forma escalofriante. Beth se aferró a la pue