—Es tan raro verte aquí que hasta podría pensar que tramas algo —soltó Nerea frente a la larga mesa del comedor en la mansión familiar sin disimular la desconfianza.
Darragh terminó de masticar el filete antes de responder; de hecho, hasta masticó de más con tal de ganar un poco de tiempo.
—¿No puedo desear cenar con mis padres?
Leonard rió sin alegría, bebió de su copa de vino y contestó:
—No nos hablas demasiado, disculpa si no creemos en tu repentino amor.
—¿Repentino amor? —El hijo frunció