—Elizabeth, ¿por qué…? —comenzó Aleksi, pero antes de poder terminar, Beth lo empujó con fuerza suficiente para que soltara su agarre.
Arrojó sus zapatos a la arena, dejando que se hundieran, y plantó ambas manos sobre su cintura. Jadeando por la carrera y por algo mucho más profundo.
Ella lo enfrentó con una mirada que destilaba todas esas emociones que estaban a punto de aplastarla.
—¡No puedes pretender que me enamore de ti para luego dejarme por una rusa o por tu Luna, Aleksi! —exclamó, su