Gianna lucía imponente y segura de sí misma mientras descendía las escaleras con la gracia de alguien que sabía quién era y el impacto que causaba.
Beth, en cambio, dudó al dar el primer paso. La posibilidad de tropezar y rodar desbocada escaleras abajo se hacía cada vez más real en su mente.
Gianna giró hacia ella, sonriendo con confianza.
—Puedes hacer lo que te propongas, Beth —dijo la pelirroja, con una calidez en la voz que no admitía réplica.
No necesitó añadir nada más. Las palabras de G