Capítulo 8

Marcos

La sonrisa en mi rostro no podía ser más grande. La gente me miraba con desconfianza mientras avanzaba por las calles, pero me valía mierda.

¿Por qué la gente se alarma cuando ve a alguien sonreír? La sociedad estaba tan podrida que se sobresalta ante la felicidad ajena y normaliza la tristeza. Seguro que, si estuviera llorando a mares, nadie me prestaría atención, incluso me ignorarían.

Me detuve frente a la puerta de la casa de Aaron y golpeé dos veces con los nudillos. Esperé con paci
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