Marcos
Estaba afinando la guitarra en mi habitación, sentado en el borde de la cama, con la ventana abierta y la luz del atardecer entrando en tonos dorados. Tenía la guitarra apoyada sobre mis piernas y varias ideas dando vueltas en mi cabeza, sin lograr aún transformarlas en una canción completa.
Entonces, mi celular sonó, alertándome de una llamada entrante. Sonreí al ver que se trataba de mi madre y contesté de inmediato.
—Hola, mamá —saludé.
—Hola hijo, ¿podemos vernos mañana? —me preguntó