Samanta
Había pasado una semana desde aquella cita junto al lago y, aunque nada había cambiado de forma evidente, dentro de mí todo se sentía distinto.
Marcos y yo hablábamos todos los días. A veces eran conversaciones largas y profundas, pero otras veces eran mensajes simples, fotos de cualquier cosa que hacíamos en el día e incluso él me enviaba pequeños audios cantando alguna canción. De cualquier forma, Marcos estaba ahí, presente, sin exigir, sin presionar, sin invadirme.
Y eso era justame