Samanta
Luego que Samuel se fuera a su casa, me quedé sola con Emilia. La ayudé con un par de tareas y después nos recostamos en el sillón a mirar la televisión.
Horas después llegó mamá, muy agotada, pero aun así se tumbó entre nosotras y se quedó un par de minutos ahí, mirando la televisión también.
—¿Cómo estuvo tu día en la consulta? —pregunté.
—Horrible, mejor ni te cuento…—susurró con fastidio, pero me dio una sonrisa divertida. Emilia se acurrucó en el pecho de mamá y yo imité su acto.