Cecilia sollozaba en silencio, observando la boda desde lejos, una ceremonia que reflejaba el futuro que ella siempre soñó compartir con Dylan, pero que jamás sería suyo. Las lágrimas caían por sus mejillas, cada una un recordatorio de lo que había perdido. «¡Dylan, siempre serás mi amor!», pensó, las palabras sonando en su mente como un eco distante, tan doloroso como la realidad misma.
Fue entonces cuando sintió una mano en su hombro. La agarraron con firmeza y la arrastraron hacia fuera del l