En la fiesta
Suzy y Franco se movían al ritmo lento de la música, sus pasos sincronizados de forma casi involuntaria. La cercanía entre ambos era palpable, como si un hilo invisible los uniera más allá de la pista de baile.
—¿No te sientes mal? —preguntó ella, su voz apenas un susurro.
Franco negó con una leve sonrisa.
—Estoy bien, Suzy... —Su tono era bajo, casi íntimo, y sus palabras dejaron en el aire un peso que ella sintió directamente en el pecho.
Ella levantó la mirada, buscando en sus