Cuando Bernardo llegó a su departamento, nunca imaginó que encontraría a su madre allí.
La escena fue como una bofetada sin tocar su piel, un golpe que lo dejó sin aliento, sin saber qué sentir.
Su mirada recorrió el espacio, buscando explicaciones, pero su madre estaba ahí, en el centro de la sala, como una sombra de lo que alguna vez había sido.
—¡Madre! —su voz tembló entre la sorpresa y la ira, pero lo que encontró fue una mirada fría y distante.
Cecilia, agotada, se levantó del sofá con una