Darrel se lanzó con toda la fuerza de su ira contra aquel hombre descarado que osaba acusar a su esposa de semejante infamia.
—¡¿Cómo te atreves?! —rugió, con la voz rota por la furia—. ¿Quién demonios te crees que eres para hablar así de mi mujer?
Los puños de Darrel impactaron con fuerza, desatando un caos palpable en el salón.
El golpe resonó como un trueno, y los invitados comenzaron a retirarse apresuradamente, horrorizados por el violento espectáculo.
Salvador, Dylan y Franco se lanzaron h