Al día siguiente
Cuando Mora despertó, lo primero que sintió fue una cálida mano rozando su mejilla.
Abrió los ojos con lentitud y se encontró con Darrel mirándola, la preocupación era evidente en sus facciones cansadas.
—Ya no tienes fiebre —dijo en voz baja, como si su alivio estuviera teñido de ternura.
El contacto y sus palabras hicieron que Mora reaccionara de inmediato.
Apartó su mano de un manotazo con una frialdad cortante, casi como si la hubiera quemado.
—No me toques —espetó con un ge