Tina veía la televisión, los ojos perdidos en la pantalla. El aburrimiento, la carcomía. La rutina la había vuelto insípida, sin brillo.
Luego de su aventura en el extranjero, donde gastó hasta el último centavo en fiestas, amantes y placeres fugaces, se había dado cuenta de algo muy claro: no podía sostener ese estilo de vida por sí misma.
Su belleza seguía intacta, pero la idea de envejecer al lado de un hombre viejo y acaudalado no le resultaba tan emocionante como había imaginado.
—Darrel… —