Marella sostenía a Suzy con fuerza, sintiendo cómo los temblores de su amiga se transmitían a través del abrazo. Escuchaba cada palabra, cada sollozo desgarrador que escapaba de Suzy, y en su propio pecho, el dolor revivía, una herida que nunca había sanado del todo, viéndose reflejada en el sufrimiento de su amiga.
—Voy a divorciarme, Marella —dijo Suzy, su voz rota, quebrada, como si con esas palabras se partiera en mil pedazos.
Marella asintió, sus ojos nublados de tristeza y comprensión.
—Es