Yolanda intentó recuperar la compostura, pero su corazón latía con tanta fuerza que parecía querer estallar de su pecho. Sus manos temblaban apenas perceptibles, aunque suficientes para que sintiera su propia vulnerabilidad. La sombra de un error del pasado, uno que creyó haber enterrado para siempre, regresaba justo en el peor momento, como un fantasma dispuesto a destruir todo lo que había construido.
Eduardo miraba de un lado a otro, sus ojos alternando entre Yolanda y el recién llegado, inca