—¡Sí, mi amor, estás embarazada! Vamos a tener un bebé.
La voz emocionada de Dylan resonó en el aire como un eco lleno de esperanza.
Marella abrió los ojos, el impacto de las palabras la dejó muda por un instante.
Pero entonces, la emoción la inundó y se lanzó a los brazos de su esposo.
—¡Vamos a tener un bebé! —exclamó, con lágrimas de alegría, resbalando por sus mejillas.
Dylan la abrazó con fuerza, enterrando su rostro en el cabello de ella.
—Eres mi mundo, Marella. No puedo creer que este su