Marella parecía tan nerviosa, su respiración era irregular y sus manos temblaban. No podía encontrar las palabras, como si el miedo le hubiera robado la voz.
—Yo… yo… —murmuró, sintiendo un nudo en la garganta.
Suzy, notando su angustia, le ofreció una sonrisa cálida, intentando tranquilizarla.
—¿Hay una posibilidad? —preguntó con ternura.
Marella dudó por un momento, pero finalmente asintió, incapaz de ocultar la verdad.
—Pero… ¡Tengo miedo, Suzy! —exclamó con un temblor en la voz mientras su