Eduardo llegó a la mansión Aragón, deteniéndose un momento mientras sus pulmones se esforzaban por contener el aliento que parecía escapársele.
Su corazón latía frenéticamente, cada palpitar cargado de rabia, celos y un abrumador sentimiento de derrota. Miró hacia la imponente mansión, la fachada iluminada que proyectaba un aire de estabilidad y felicidad... algo que sentía perdido para siempre.
Sus pensamientos se centraron en Marella. Imaginó su rostro, sereno, y su risa mientras estaba junt