Lilith despertó con una calma extraña, como si el mundo, por un breve instante, hubiera decidido no exigirle nada. Abrió los ojos lentamente, y lo primero que encontró fue la sonrisa de Dominic, cálida, contenida, casi como si temiera romper algo frágil entre ellos.
—Vamos, desayunemos, cariño —le dijo él con suavidad.
Ella le devolvió una pequeña sonrisa, aún adormilada, y asintió sin hacer preguntas. Había algo en el ambiente que no lograba descifrar, una tensión sutil, pero decidió ignorarla.