El aire en el jardín todavía se sentía pesado, impregnado del aroma del extraño que había intentado invadir su espacio.
Cuando aquel hombre se acercó, reduciendo la distancia con una familiaridad inquietante, Lilith sintió el instinto de huir.
Él intentó besarla, buscando unos labios que no le pertenecían, pero ella se apartó con una agilidad nacida del pánico y la lealtad.
—No —sentenció ella, con la respiración entrecortada y la mirada encendida—. Soy una mujer casada.
Sin esperar una respuest