—A las ocho en punto pasará el chofer por ti. No te retrases.
El cuerpo de Marisol tembló al colgar.
Sabía que debía enfrentar su miedo; ya no había forma de escapar del trato que había firmado.
Por la noche, Marisol se preparó con esmero.
Llevaba un vestido elegante. A Lilith le puso un vestido blanco de olanes que la hacía parecer una muñeca de porcelana.
Cuando el chofer llegó y tocó a la puerta, Marisol tomó la mano de su hija y subieron al coche de lujo en silencio.
—¿Dónde está papito? —pr