Respiró hondo antes de entrar a la sala de juntas.
Enderezó la espalda y levantó el mentón.
Su voz sonó firme, técnica, impecable.
Cada detalle con precisión, cada concepto, cada línea diseñada con dedicación representaba sus noches sin dormir y el futuro de Lilith.
El cliente, su gerente y los directivos escuchaban atentos, intercambiando miradas de aprobación.
Cuando terminó, hubo aplausos. El cliente sonrió satisfecho y, sin dudarlo, firmó el proyecto.
Marisol sintió un alivio profundo, casi