—¡Fue esta mujerzuela!
Marisol lloraba sin consuelo. Apenas podía incorporarse.
Su cuerpo entero temblaba, encogido sobre sí mismo.
La tela rota de su blusa dejaba al descubierto su vulnerabilidad, su vergüenza, su miedo.
Valentino la miró.
Y supo.
No necesitaba explicaciones. No necesitaba palabras.
El llanto descontrolado, el terror en su cuerpo, la forma en que evitaba levantar la mirada… todo gritaba una verdad imposible de negar.
Aquella mujer había sido atacada.
Valentino se quitó el ab