Valentino llevó a Marisol hasta la habitación con paso firme, casi arrastrándola entre sus brazos. Cerró la puerta tras ellos con un leve golpe seco que resonó en la penumbra del lugar. La recostó sobre la cama con una mezcla de cuidado y dominio, como si no supiera si protegerla o reclamarla.
La habitación estaba envuelta en una luz tenue, apenas iluminada por la luna que se colaba por las cortinas. El ambiente era íntimo, casi sofocante, cargado de emociones que ninguno de los dos parecía capa